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Un mensaje enviado por la Casa Universal de Justicia en respuesta a una "comunicación oficial de la Presidente de Brasil, la Sra. Dilma Rousseff, invitándola a dirigir un mensaje con motivo de la apertura de la Copa Mundial de 2014."

T R A D U C C I Ó N

6 de junio de 2014
Su Excelencia Sra. Dilma Rousseff,
Presidente de la República Federativa del Brasil


Su Excelencia:

En respuesta a su amable invitación, nos complace enviar el siguiente mensaje con motivo de la inauguración de la Copa Mundial de 2014.

Hacemos llegar nuestro cordial saludo al pueblo del Brasil, mientras dan la bienvenida a los representantes de tantos países a su tierra natal para una celebración de excelencia deportiva. Pocas ocasiones como esta pueden atribuirse el poder de reunir una muestra representativa de la humanidad en una gama tan amplia de personas de diversos orígenes étnicos, religiosos y culturales. Es evidente para todo observador que el deporte que ha llevado a estas naciones al Brasil se verá más que fortalecido por la maravillosa diversidad de los participantes.  Regocijarse en este hecho es rechazar los prejuicios en todas sus formas. En verdad, no hay nada más impresionante de este extraordinario espectáculo futbolístico que su capacidad de reflejar la cultura global que ha surgido en esta época. Y el convocar a las naciones en amistad indica de forma poderosa que la colaboración y el esfuerzo común son posibles en todas las cosas.

Hoy la humanidad está entrelazada en una civilización global. A medida que el mundo avanza en su evolución orgánica, bien haría ponderar en este momento las muchas cualidades que el pueblo brasileño encarna tan admirablemente. Pues el camino hacia la paz requerirá corazones amplios, pasión por el progreso, una energía creativa sin límites, una gran resistencia, una fuerza forjada a partir de la diversidad, y mentes iluminadas por el espíritu de la época e inspiradas por la búsqueda de la justicia. Los pueblos del mundo son como las flores multicolores de un espléndido jardín. ¿Habrá una nación más digna de demostrar esta simple pero esencial verdad que Brasil? En los vibrantes colores entretejidos de esta tierra el mundo puede imaginar sus propias deslumbrantes posibilidades futuras. 

Una competición deportiva, incluso de esta magnitud, no puede ocultar la gravedad de los desafíos que enfrenta la humanidad. Pero en las próximas semanas, esperamos que los observadores por doquier —especialmente los jóvenes del mundo— se inspiren de los muchos ejemplos de trabajo en equipo, juego limpio, valor y esfuerzo sincero que de seguro saldrán a la luz durante el torneo. Si Dios quiere, aspirarán a mostrar esas mismas cualidades en sus vidas, en el servicio a sus comunidades y en la promoción de la paz. Ya sea trabajando por la eliminación de todo vestigio de racismo y discriminación, en la defensa de la igualdad de mujeres y hombres, o promoviendo la justicia, los esfuerzos de todos los miembros de la familia humana son necesarios. El cambio constructivo es posible en todas partes. Hombres, mujeres, jóvenes y niños: todos tienen algo esencial para ofrecer.

Aguardamos el día en que la competencia entre las naciones sea un fenómeno principalmente visto en el terreno deportivo, mientras que las interacciones en el escenario global estarán dominadas por la cooperación, la reciprocidad y el apoyo mutuo. Elevamos nuestras plegarias para que esta ocasión redunde en el honor de la gran nación de Brasil como anfitriona, y que el evento inspire no sólo una hermandad pasajera, sino una solidaridad duradera entre todos los que participan y entre los muchos millones que observan.

[firmado: La Casa Universal de Justicia]

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